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miércoles, 15 de abril de 2015

De vuelta al Ferry Pilot, segundo vuelo

Como todo en la vida, aprendes de tus errores y tratas de mejorar en la medida de lo posible.

En este segundo vuelo de Ferry pilot, tenía claro que el viaje de vuelta tenía que estar mejor programado y que la vuelta no podía ser en autobús. 

Mismo cliente, mismo destino, pero distinta ruta y por supuesto, distinto avión. En este caso un Moragón de ala baja, al parecer un prototipo...

Ya conocía el avión y no es de mi especial agrado. A bajas velocidades su comportamiento es inestable e impredecible, sus velocidades son más de aviación general que de ultraligero.

Teniendo muy en cuenta lo que ya sabía del avión, me decidí a hacer el vuelo puesto que ya sabía cuáles eran los inconvenientes de ese avión y cómo evitarlos.

Como siempre, dispuse la ruta, la meteo y todo lo necesario para el vuelo. Me preocupaba especialmente el lugar de parada para el repostaje. En España, a diferencia de Portugal, no contamos con una base de datos completa y actualizada sobre los campos de vuelo de ultraligeros, si bien es cierto que existen pequeñas bases de datos, con no todos los campos, o con información desactualizada.

El problema de esto es el siguiente, puedes organizar una ruta con parada en un campo y al llegar a este, lo encuentres con moles de hormigón obstruyendo la pista, grandes X que hacen ver que la pista está cerrada, etc... De modo que salvo que tengas claro que allí se puede aterrizar, porque has hablado con alguien de allí, lo mejor es siempre tener varias alternativas. Y así lo hice.

Las performance de este avión permitían hacer sólo una parada y busqué un punto intermedio de la ruta para rellenar los depósitos y estirar las piernas unos minutos. Acabamos tomando en una pista creo que casi completamente abandonada, probablemente usada en las campañas de incendios en verano. Allí no había nadie.

Antes de aterrizar, siempre es muy recomendable realizar una pasada para comprobar el estado de la pista, el viento y cualquier aspecto a tener en cuenta para el aterrizaje. Pista larga, piedras de un tamaño a tener en cuenta, y pequeños matojos que afloran por el desuso de la pista. Nada preocupante. Aterrizamos sin novedad y repostamos el avión. 

Por un instante, disfrutas de las vistas, hueles ese olor a campo, y disfrutas del perfecto día soleado. Pero no podemos perder demasiado tiempo, hay que continuar. 

Revisión esta vez a pie por unos metros de la pista, todo parece en orden, miras el horizonte y buscas obstáculos. Al fondo hay un tendido eléctrico con las torres pintadas en rojo, lo ves bien. Después del despegue viraje derecha y sin sobrevolar el tendido. Ante la duda o fallo, por debajo de los cables. Aún nos encontramos en una zona llana de la meseta, la cual da muchas opciones en caso de fallo de motor.

Despegue normal y directos a nuestro destino. El campo de vuelo de Medina-Sidonia.

Me vuelve a causar una agradable sensación ver todo tan verde en el sur. Creo que casi todos tenemos la idea de que aquello es un "secarral" y lo cierto es que es bastante verde y colorido, al menos en esta época.

Con Medina-Sidonia al fondo, me pide Jorge, el dueño del avión que comprobemos las velocidades y el comportamiento del avión en la entrada en pérdida. Es un avión que entra en pérdida a una alta velocidad y que tira un ala. Hay que dejarlo volar o si lo fuerzas tienes el riesgo de enroscarlo por el lado contrario. Es un avión con el que hay que tener ciertas precauciones.


Al enfilar la pista para la toma, flaps obligatorios, y mucho ojo a la velocidad. Velocidad con el morro y senda con el motor, no se cuántas veces lo habré repetido a mis alumnos. Este procedimiento nos otorga una aproximación algo más estable y controlada y todo ello repercute en la toma. Buena toma en el campo, frenamos y abandonamos la pista.

Allí nos espera Alejandro, el instructor de la escuela Aerosidonia, genial instructor y mejor aún persona. Al contarle un poco la historia de ese avión y demás, creo que le asusté bastante. Al final decidimos hacer un pequeño vuelo juntos para que él mismo comprobase cuál es el comportamiento del avión y las sensaciones a las que yo le hacía referencia.

Sin más, despegamos minutos después y él mismo comprobó que era cierto lo que antes le comentaba, es algo a tener en cuenta a la hora de volar ese avión. Unas pequeñas maniobras cerca del campo y aterrizamos en la pista.


Alejandro acaba diciéndome entre risas que soy un héroe de la aviación, lo cierto es que no lo soy. Trato de hacer mi trabajo lo mejor posible, y si es cierto que me hubiera gustado llevar otro avión en vez de ese, pero uno no siempre hace lo que le apetece en su trabajo, yo no voy a ser una excepción. En esta ocasión, tocó llevar el Moragón a Cádiz y allí que me fui.

Tuve la suerte de llegar justo a tiempo para adelantar la vuelta y coger justo el tren a Madrid que salía antes del que pensaba coger. Bajé al anden en el momento en el que el tren entraba.


Es en el viaje de vuelta, y ya tranquilo con la música del tren cuando piensas en el viaje que has realizado, lo afortunado que te sientes por hacer trabajos así.

Miras por la ventana y vas reconociendo parte de las montañas y lugares por los que previamente has pasado, es una sensación gratificante.


Llegas a Atocha cansado pero contento. Ese día me recogió mi amigo Agus y pude cenar con mis amigos, el perfecto broche para un día muy aeronáutico. Tengo ganas de volver a hacer un vuelo ferry, hay ya varios proyectos en el aire. Pero si conocéis de alguien interesado, avisad!

Un saludo y buenos ferry vuelos!