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sábado, 5 de noviembre de 2016

Sully, en la piel de un piloto que sufre un accidente

No soy de recomendar películas, pero esta vez hago una excepción que está muy justificada, os recomiendo ver la película "Sully"

Para no extenderme, la película está basada en el accidente real del A-320 que acuatiza sobre el río Hudson en Nueva York, una bandada de gansos (aves de gran tamaño) impactan en el avión provocando un catastrófico fallo en los motores que termina por detenerlos y dejarles volando sin motores, sobre la ciudad, finalmente todos sobreviven al acuatizar la tripulación sobre el río Hudson.

Os dejo el trailer.


Uno de los factores más importantes como pilotos es el de tomar decisiones adecuadas en milésimas de segundo, decisiones que pueden cambiar tu vida. Nadie te enseña para ello, podrás practicar mil millones de veces en un simulador, ésta película nos muestra cómo la realidad siempre va un paso por delante de todo lo que puedas practicar en un simulador.

Ese tipo de decisiones marcan sin duda muchas cosas en tu vida, en el caso de Sully, en la película se puede apreciar el mal momento que el comandante soporta al ver cómo se trata de poner en duda su decisión, pero independientemente del catastrófico resultado para el avión, fue capaz de salvar la vida de todas las personas que había en el avión, tras haber tenido un doble fallo de motor y planear hasta el río. Una gran decisión que no está al alcance de todos.

Y es que sufrir un accidente te marca, te hace pensar, te lleva a un periodo reflexivo en el que tratas de analizar del modo más frío posible qué ha ocurrido, en qué has fallado o qué podrías haber hecho mejor. Dudar no es malo, sobre todo si sobre esas dudas, se construye un piloto mejor.

Yo he sufrido dos accidentes en ultraligero y varios incidentes de menor importancia, todos me han hecho pensar y reflexionar mucho. Afortunadamente para mi, para mis alumnos y para las personas que me rodean, no he tomado malas decisiones en esos momentos comprometidos. O al menos, las decisiones no han sido tan malas como para que yo sufriera daños personales.

Es inevitable que haya personas que pongan en duda cualquier decisión tomada a los mandos de un avión, desde tierra, todo se ve de otro modo. En el aire, lo más normal es sufrir de visión "tunel" que hace que te focalices en algo sin ver mucho más a tu alrededor. La experiencia va haciendo que esa visión tunel vaya siendo cada vez más amplia. Como instructor, veo cómo mi visión y la de mis alumnos es completamente distinta, ellos van focalizados en volar, en hacerlo bien, en ser precisos...yo puedo prestarle menos atención a eso y ganar en atención en otros factores como la separación con otros tráficos, el control de los parámetros del motor, escuchar y comunicar por la radio...etc.

Un parrafo después, supongo que te preguntas por mis accidentes. Hablaré en esta ocasión de uno de ellos, el que para mi ha sido más grave y que podía haber tenido unas consecuencias fatales de no ser por la rápida reacción que tuve en aquel momento y que aún me sorprende la habilidad que tuve para resolver la situación del modo menos malo posible para todos.

No daré demasiados datos, puesto que no son necesarios. Estaba con un alumno y su autogiro en una pista del sur de España, había ido a enseñarle a volar su autogiro, y estábamos carreteando por la pista para probar el motor, los controles y los frenos...hay que comentar, que la pista tiene una pendiente interesante, no demasiado pronunciada, pero lo suficiente como para que se haga notar. Cuando rodábamos cuesta abajo, al final de pista había un pequeño barranco de unos 10 metros tal vez , a la derecha unos hangares o casetas y a la izquierda una zanja.

En uno de los carreteos, el alumno me dice que al frenar, no funcionan los frenos, cuesta abajo...y nos dirigimos directos al pequeño barranco aproximadamente a 80km/h. En milésimas de segundo pruebo los frenos, miro la cara de pánico y bloqueo del alumno, giro la cabeza y calculo las opciones, caseta, barranco o zanja...

Cuando pisé el pedal a la izquierda ya sabía que nos íbamos a dar un golpe.

Se aprecian las marcas de rodadura saliendo casi al final de la pista




Pero desconocía cual iba a ser el resultado.

El impacto fue fuerte, pude oir como todo crujía y volcamos de mi lado, con la mala suerte de que mi pie izquierdo quedó atrapado bajo la cabina del autogiro. Dos segundos después del golpe, miré a mi alumno. "¿Estás bien? "-le pregunté. Me dijo que si, pero veía como de su frente comenzaba a salir un hilo de sangre. "Necesito que salgas y me levantes un poco el autogiro, tengo el pie enganchado". No sabía como encontraría el pie. El nivel de adrenalina es tan alto que no sientes apenas nada.

Mi pie quedó bajo el autogiro, aproximadamente donde se ve la pegatina del fuego. En la imagen, el autogiro ya se había levantado para liberarme.
Por suerte y por sorpresa había pie y no le había pasado nada. Mi mente sólo pensaba en la gasolina del depósito y en salir de allí lo antes posible. Por suerte el depósito estaba intacto, aunque el autogiro estaba destruido, la cabina rota, las hélices rotas, los hierros doblados...un esperpento, pero estábamos vivos.

Tratando de sacar el autogiro con un coche, se aprecian los importantes daños.
En aquel momento, no había nadie allí. tuvimos que llamar y esperar un rato a que vinieran a ayudarnos a sacar el autogiro. 

La cara desencajada del alumno lo decía todo mientras sangraba por la frente. Casi de forma inconsciente, se dirigió andando hacia el final de la pista donde el pequeño barranco, supongo que es inevitable pensar en que podríamos haber acabado allí si yo no reacciono. Traté de calmarlo, no habíamos acabado allí, pero él seguía agradeciéndome que hubiera reaccionado, él se había quedado completamente bloqueado. 

Y es ahí donde esa visión más periférica de la situación es la que te termina salvando la vida. Y una vez a salvo, ya pueden decirte si te equivocaste o no, pero estás a salvo. Nadie va a hacer una reflexión más profunda y crítica que la que va a hacer el propio piloto. Y nadie va a sentir ni de cerca la sensación que tuvo el piloto en ese momento, donde todo, absolutamente todo se vuelca en ese instante decisivo, tus inseguridades, tus capacidades, tus conocimientos, tus virtudes y tus vergüenzas, en esos momentos estás solo y debes afrontarlo del mejor modo posible...instinto aviador.

A Sully, probablemente le salvó su experiencia como piloto de caza y como piloto de velero, ir más allá de un procedimiento para algunos pilotos es impensable, tener la osadía de irse al río puede ser una locura para todos, pero de la locura, salen cosas geniales, como el acuatizaje del río Hudson.

Amigos y compañeros pilotos de aerolínea, mi consejo es que seáis un poco más aviadores que pilotos, seguid volando esos trastos que vuelan con un motor de pistón, porque son esos aviones los que os darán muchas de las claves para resolver una emergencia para la que no estáis preparados.

Un abrazo y buenos vuelos! Disfrutad de la película!