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jueves, 3 de diciembre de 2015

Vuelo instrumental nocturno a La Coruña

Cuando no tienes previsto volar y surge un vuelo con un amigo siempre es una grata noticia. Mi amigo Esteban me ofreció volar con él a La Coruña y dormir allí. Esa es una oferta...que no puedes rechazar jajaja.

Vuelo instrumental nocturno, es decir, volar una avioneta monomotor de hace mil años, de noche, y fiándote de unos instrumentos que también tienen su tiempo y en condiciones previstas de posible engelamiento y nieblas...los ingredientes perfectos para que si algo sale mal...se pueda poner todo muuuuy feo.

Quedamos después de comer en Cuatro Vientos y ambos íbamos con la idea en la cabeza de la meteo. No hay necesidad de ponernos en peligro, de modo que si no lo veíamos claro, no se salía.

Repasamos toda la documentación juntos, plan de vuelo atc, plan de vuelo operacional, alternativos, notams (información referente a la navegación, aeropuertos, etc). Todo estaba Ok. Llamamos directamente a la oficina meteorológica de La Coruña, porque a veces valen más dos ojos y la experiencia que un Taf...esto ya es truco de perro viejo...

Por teléfono tampoco es que resolvieran demasiado "la información la mandan desde Santander" aunque al insistir un poco nos medio dicen que no creen que sea una situación de nubes cerradas como ponía el Taf (informe de previsión meteorológica aeronáutica en un aeropuerto determinado) vaya a darse puesto que hay un máximo de un 40% de probabilidad.

Una vez tuvimos claras las opciones, los alternativos y los puntos de toma de decisiones, nos dirigimos al avión. Repostamos las alas hasta los topes y metimos todos los bultos en la avioneta.

Motor en marcha y listos para salir, aún era de día.


Despegue sin novedad y en curso a nuestra aerovía, iba a ser un vuelo largo, había que relajarse y tomarlo con calma. Decidí poner en el ADF Radio Nacional de España para ir escuchando algo más dinámico que el ATC dando instrucciones a comerciales.

Poco a poco el sol iba cayendo, y yo recordaba los vuelos nocturnos que había hecho yo pilotando, hoy podía disfrutar del paisaje en toda su plenitud. Ves como en el suelo es ya de noche mientras aún tú ves el sol desde ahí arriba, es una sensación muy agradable. El atardecer desde el cielo es impresionante. 


Pero el atardecer para nosotros, en esta ocasión, también era el inicio de un vuelo algo más tenso. Apenas se va viendo en cabina, usamos linternas e incluso el flash del móvil para iluminarnos. Las montañas son sólo zonas negras que desaparecen de nuestra vista y en caso de un fallo de motor...las opciones son escasas puesto que ni siquiera ves donde estás bajando. 

En el punto de decisión pedimos al controlador lo últimos datos meteorológicos de La Coruña. Según esos datos, todo estaba bien. Decidimos continuar.

Esteban con la linterna en la cabeza y yo iluminando con el iphone ibamos configurando el avión para la llegada. Entre risas y buen ambiente, pero con la tensión y profesionalidad que requiere la situación.


Al fondo se comenzaba a ver la ciudad iluminada, luces naranjas por todas partes, lo que antes era oscuridad y vacío ahora pasa a ser miles de luces, vemos las luces de los coches por la autopista, el contorno de la ciudad y al fondo la línea del mar. 


Somos número dos para aterrizar, la llegada de un Air Europa nos obliga a realizar una espera sobre el VOR de La Coruña mientras vemos como el avión comercial nos pasa justo por debajo enfilando la pista de aterrizaje. Con el tráfico a la vista y sin nubes, comenzamos la aproximación ILS a la pista, las casas, los coches, las luces, todo poco a poco va haciéndose más grande, vemos a nuestra derecha el faro, y continuamos la aproximación clavada en el ILS y como si fuesemos con piloto automático, todo va de lujo.

Autorizados a aterrizar después de que el Air Europa hiciese backtrack (aterrizar y volver por la pista hasta llegar a la salida de pista), impresiona ver las luces de aterrizaje del avión comercial y continuar la aproximación encarados a él hasta que lentamente abandona la pista por nuestra derecha.


El aterrizaje nocturno es algo más complicado puesto que no hay una clara sensación de profundidad en la pista y la referencia son sólo las luces que tampoco dan una gran precisión, hay que hacer una recogida suave y tratar que la avioneta vuele paralelo al suelo el mayor tiempo posible hasta que despacio tocan las ruedas del tren principal, dicho así, suena precioso, en la práctica los aterrizajes suelen ser algo más bruscos, salvo el que hice en Granada, que aún lo recuerdo, fue perfecto.

Seguimos a la señalera y aparcamos el avión...reto conseguido. Lo cierto es que Esteban estaba sudando, y no es para menos, aterrizar de noche una avioneta es un desafío al que no todos los pilotos son capaces de enfrentarse y obtener un buen resultado, asi es que enhorabuena Esteban. 


Esa noche dimos una pequeña vuelta con sus tíos y tomamos algo, un placer haberlos conocido, gente encantadora. 

A la mañana siguiente, vuelta a Cuatro Vientos, tuvimos que retrasar la salida porque la niebla estaba a la altura de los tobillos. Pudimos salir porque un avión comercial le dijo a la torre que la visibilidad era buena...si no...allí hubieramos seguido.


El despegue con bancos de niebla aislados y las vistas, todo verde, fue un espectáculo visual. Sin duda mereció la pena el viaje. 


El viaje de vuelta fue sin mayor novedad, algo cansados del día anterior pero con la satisfacción de haber realizado uno de esos vuelos de los que con el tiempo te sientes orgulloso de haberlo volado.

Esteban, ¿para cuándo la próxima aventura?

Buenos y nocturnos vuelos!!!