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martes, 29 de septiembre de 2015

Cuando el cuerpo te falla

Hace tan sólo unos días hablaba de la importancia de estar motivado, de superar los fracasos y continuar de una forma activa en la búsqueda del trabajo que queremos.

Como cada año, renové mi certificado médico de clase 1. Cada año creo que lo haces con algo más de miedo, tendré colesterol, algo fallará...sin certificado médico, no eres apto para el vuelo, así de duro y así de simple.

Todo salió bien y todo está dentro de los límites. Pero el día después me puse malo, he cogido un virus que me va a dejar fuera de combate unos días hasta que me recupere por completo, pero que me ha hecho pensar y mucho, en lo frágiles que podemos llegar a ser y en lo sencillo que puede ser "quedarte en tierra".

Me encantaría hablaros del deshumanizado trato que recibí por parte de mi empresa al comunicarles que no podía acudir a mi puesto...pero no lo voy a hacer, prefiero pensar que no todos los jefes de mi empresa se habrían comportado igual y es sólo la aguja en el pajar...

De lo que sí os quiero hablar es de la importancia de hacer todo lo posible por mantenernos sanos en esta profesión.

En mi actual trabajo (coordinador de vuelo) me veo afectado por diversos factores que pueden dañar mi salud. Fuerte ruido, cambios bruscos de temperatura, niveles altos de contaminación y otros riesgos que hacen las delicias de todo formador de riesgos laborales.

A veces es casi inevitable, puedes cuidar tu dieta, hacer deporte, tomar vitaminas, que el virus va y te caza desprevenido. Por suerte, no llegué de este modo al reconocimiento médico aeronáutico.

Lamentablemente estos días estoy... NO GO.

Buenos vuelos y a cuidarse el "body"!!!




jueves, 24 de septiembre de 2015

Sin miedo al fracaso

Sí, he fracasado, una y mil veces. Y lo seguiré haciendo.

Recuerdo cuando al principio me ilusionaba con los proyectos que salían, las oportunidades de trabajo como instructor de ultraligero, para montar una escuela o para hacerme cargo de la ya existente, quedan ya pocas provincias donde no haya surgido algo a lo largo de estos últimos años. Han sido muchas y sin embargo casi todas son proyectos fracasados. A veces me ha molestado más la falta de cortesía o educación que el perder un proyecto, a día de hoy sigo esperando muchas llamadas para decirme que ya no están interesados.

También he fracasado ya como piloto comercial en una entrevista con Ryanair, si, también he fracasado en ese aspecto. Tampoco pude acceder a las de Iberia express por falta de horas creo, aunque tampoco pedían un mínimo, aunque esto más que un fracaso es frustrante.

Pero lo cierto es que sigo de pie, con ganas e ilusión. Esperando la oportunidad adecuada en el lugar adecuado. Llegará. Y lo hará porque trabajo cada día con la misma ilusión del principio, porque las desilusiones duran el tiempo que tú permitas que duren y sin embargo hacen que pierdas un tiempo precioso en seguir buscando opciones e ideas nuevas.


No desisto en encontrar un trabajo como piloto, los fracasos no son un lastre, son una forma de mejorar, de ver tus puntos débiles y poner más trabajo para reducirlos. Tú pones tus propios límites, asi es que ¿dónde están tus límites?

Fracasa como parte esencial de tu proceso de formación como piloto, pero sobre todo como persona, pero no desistas en lograr lo que quieres.

En definitiva, no siempre se gana, y aprender a digerir una derrota y continuar con el mismo esfuerzo e ilusión es lo importante. Fracasa las veces que haga falta hasta llegar a la victoria.

Buenos vuelos y sin miedo al fracaso!



jueves, 17 de septiembre de 2015

Dar la suelta

Hace unos días tuve la satisfacción y la ilusión de dar la suelta a mi amigo Jose Manuel en su propio avión.

Como piloto he vivido mis propias sueltas, todas con ilusión, tratando de demostrar, pero sobre todo de demostrarme a mi mismo que estaba preparado.

Pero sin duda, es como instructor cuando vives las sueltas de otra manera. Dar una suelta es una gran responsabilidad para un instructor, debes estar muy seguro de hacerlo porque dar una suelta demasiado pronto puede propiciar que ocurra un accidente, sin embargo, con Jose Manuel, todo fue muy fácil. La alta preparación previa y el haber volado previamente dos horas su avión, hizo que todo fuese mucho más fácil.

El día era muy bueno y todo funcionó a la perfección, más de diez tomas y despegues en distintas configuraciones, pequeñas maniobras para ganar precisión en el circuito y en la toma, también fallo de motor, resbales...estaba preparado. En una de las tomas, decidí bajarme, desearle suerte y...dejarle volar, había llegado su momento.

"Disfruta del vuelo y no rompas nada" 

Así me bajé del avión y le ví con una sonrisa. Le dije por gestos desde fuera que hiciera dos tomas y despegues.

Supongo que como él en el avión, yo en tierra estaba nervioso e impaciente por verle despegar. Junto a su chica, observamos el despegue y las tomas. Sabía que lo iba a hacer bien y así fue.

Él no lo sabía, pero durante el segundo circuito corrí hacia el bar a buscar un pequeño recipiente con agua, había que mojarle al bajar. Y así lo hice, al final nos mojamos los tres. Pero no importaba. La cara de felicidad de Jose Manuel al bajar era contagiosa. 

Quería dar una vuelta a su chica, y así lo hizo, lo cierto es que me vi a mi mismo en un futuro en un pequeño vuelo así. Me gustó ver las ganas de volar de su chica. El vuelo que hicieron juntos no fue muy largo, era ya medio día y las térmicas habían hecho acto de presencia, no era necesario forzar las cosas. Lo bueno es que se bajó con ganas de volver a volar.

Tener una pareja que comprenda, que te apoye y que te acompañe en esta locura que es el mundo de la aviación es maravilloso.

Hay veces que trabajar es un placer, y sin duda, este fue uno de esos días.


Buenas sueltas y mejores vuelos!

martes, 8 de septiembre de 2015

De vuelta al aeropuerto

Necesitaba volver.

En 2008, dejé Iberia no por gusto ni porque no me renovasen, si no porque debía forjar mi futuro y el siguiente paso importante era estudiar y aprobar la selectividad. La aprobé. Pero por el camino tuve que dejar uno de los trabajos más gratificantes que he tenido. Cargaba maletas, ya he hablado de ello.

Al dejarlo me propuse volver, y me propuse también tratar de ser coordinador de vuelos, me gustaba ese trabajo. En constante contacto con todo lo que rodea la operación, pilotos, azafatas, mecánicos, personal de embarque, de rampa...todo a su hora, todo coordinado, todo perfecto.


Unidos como uña y carne a una carpeta y un walkie, son capaces de estar atentos a mil cosas y contar el tiempo casi en segundos.

Lo intenté en Iberia y lo intenté en Swissport, pero la oportunidad me ha llegado gracias a Lesma.

Lesma hace el handling de los vuelos de Ryanair. Y ha terminado una huelga hace poco de la que poco sé. No es un secreto que el trabajo no está muy bien pagado y que los turnos y horarios pueden ser un infierno. Pero estoy en el puesto en el que quería estar y haciendo lo que quise hacer.

Llevo pocos días trabajando y me ha ocurrido poco y a la vez mucho...los primeros días fueron un poco desconcertantes, todo ocurría muy rápido, demasiada información y el tiempo corría a una velocidad vertiginosa. No hacía más que sudar como un pollo en el finger / pasarela del avión mientras a duras penas lograba sumar los pesos de la hoja de carga.


Estuve varios días acompañando a compañeros hasta que finalmente me han soltado, ahora que ya estoy suelto me doy cuenta de lo realmente complicado que es seguir a alguien en este trabajo y enterarse de lo que hace. Todo ocurre realmente a una velocidad vertiginosa, y la información sobre el número de pasajeros, maletas y equipajes de mano varía constantemente, haciendo que necesites estar muy atento a todo lo que ocurre a tu alrededor.

No siempre es fácil evitar un retraso. El avión llega tarde del vuelo anterior, la tripulación cambia, los pasajeros crean conflictos innecesarios...desde lo más simple a lo más complejo, pasando incluso por lo absurdo. Todo puede pasar y debes estar preparado para afrontarlo del mejor modo posible. Sin paciencia este trabajo puede consumirte muy rápido.

Los días de más horas, no te da tiempo a mirar el reloj y no eres consciente de la hora hasta que ya han pasado tres horas. A veces no hay tiempo ni de beber un poco de agua. A partir de la cuarta hora de trabajo el cuerpo comienza a notar el cansancio de tanto estrés. Tu mente colapsa. No logras sumar con la calculadora 1+1, pero debes de seguir, y aunque el cuerpo te obligue a bajar el ritmo, el trabajo sigue adelante y sin descanso.


Todavía me estoy adaptando, el cuerpo necesita coger este extraño ritmo de trabajo, hoy madrugo, mañana trasnocho, hoy dos horas, mañana seis...no es fácil.

Creo que sin duda hay un momento que para mi es el favorito, la maniobra de pushback. Se trata de empujar hacia atrás el avión para sacarlo del finger, que arranque los motores y comience el rodaje hacia la pista. Cuando el avión cierra las puertas y el finger se separa, el avión está listo para salir, el estrés se termina y puedes relajarte unos instantes mirando el avión, soñando en que tal vez algún día sea yo quien pueda pilotar un avión así. 


La maniobra se puede hacer en visual con gestos o con unos cascos conectados al avión, me gustan ambas, pero me quedaría con la visual.

Asi es que una nueva experiencia más y espero que dure al menos hasta que llegue algo mejor, a ser posible de piloto.


Buenos vuelos y ready to pushback apron north!

martes, 1 de septiembre de 2015

Ferry pilot: el patín de cola

Retomo el blog después de unas semanas de merecido descanso, que aunque no hayan sido ni mucho menos vacaciones, me han servido para llenar un poco el baúl de historias para contar. Asi es que, vuelvo a la carga y hoy te cuento la historia de mi último vuelo de ferry pilot.

En esta ocasión, he tenido la fortuna de trasladar un patín de cola, un nuevo reto al que enfrentarme y que terminó satisfactoriamente, aunque no todo fue un jardín de rosas.

Como en otras ocasiones, viajé el día anterior del vuelo en tren para poder descansar y salir a primera hora del día siguiente. El destino de mi tren fue Logroño, en donde llegué en una apacible noche de verano, aunque algo tarde para plantearme visitar algo, para la próxima supongo. 

A primera hora de la mañana, ya estábamos de camino al campo de vuelo, con una parada para desayunar un zumo de naranja y un pincho de tortilla...da gusto desayunar así. 

Al poco me encontraba sacando del hangar el avión que iba a trasladar. Lo cierto es que su aspecto no era de nuevo y el dueño me contó que el traslado se realizaba con motivo de entelar de nuevo el avión y realizarle algúnas mejoras. Siempre lo he dicho, los últimos vuelos y los primeros vuelos son los más peligrosos, algo se puede romper por desgaste en el último vuelo y algo puede fallar en los primeros. Aparte el avión llevaba meses sin volar. Había que revisar todo bien e ir con cuidado.


Desafortunadamente en la aviación ultraligera no contamos con una MEL (lista de equipo mínimos), que te dice claramente cuando puede y cuando no puede volar un avión. Algo similar pasa con las checklist, el resultado es que tu experiencia y tus conocimientos ganan un peso vital para tomar decisiones lo más acertadas posibles, aunque nadie es inmune a los errores.

La revisión exterior junto con el exhaustivo chequeo de la documentación del avión son los que te dan las garantías mínimas para comenzar a plantearte si el avión está para volar o no. Aunque el dueño del avión, también te dará ciertas pistas...que en este caso...no fueron muy positivas.

Tratamos de arrancar el avión, pero como es normal no lo conseguimos sin la ayuda de una batería externa. Le pedí al dueño que volase un circuito para chequear el comportamiento y las velocidades de despegue y aterrizaje del avión. Hay que apuntar que yo iba a volar solo y con varias garrafas de combustible como pasajero. De modo que llevaría algo de menos peso que con el dueño a bordo y podía usar sin problema las velocidades que usase en el circuito.

Al poco de arrancar, el dueño me comenta que tiene muy poca experiencia y que si no me importa hacer el circuito a mi, aunque algo extrañado, accedo sin problema y me coloco en el puesto del piloto. Pero el verdadero problema llegó al acercarnos para hacer la prueba de motor cuando el dueño me dice que no se siente seguro ni cómodo para volar y que le gustaría bajarse y que volase yo solo.

Creo que sin lugar a dudas este ha sido uno de los momentos más tensos que yo he vivido en un avión y eso que fue en tierra. Después de mi cara de sorpresa e incredulidad, le pregunté si había algún motivo por el que no quisiera y que cómo iba yo a trasladar un avión cuando el dueño no se quería montar en su propio avión. Después de unos tensos minutos en la cabecera de la pista, le dije que si no lo veía claro, que deteníamos el avión y que yo me volvía a Madrid en tren. A regañadientes y con cara de susto accedió a realizar el pequeño vuelo. 


Es inevitable sentirse tenso e inseguro tras una situación así. Pero apliqué potencia y corrimos por la pista. El patín de cola se movía algo nervioso hasta despegar la cola del suelo y al poco el avión pedía volar. Recuerdo que buscaba campos alternativos de un modo casi compulsivo. Pero segundos después pude comprobar que el avión en vuelo se comportaba muy bien.

Una aproximación algo más larga de lo normal para que todo vaya de un modo más estable y una toma casi plana con el morro algo arriba. Bamboleo por la pista teniendo cuidado con los frenos y allí estábamos de nuevo. El dueño se relajó tanto que me pidió hacer otro circuito, pero era bastante tarde y no había tiempo.

Repostaje completo del avión y de nuevo con el motor en marcha rumbo a Sotos en Cuenca, allí debía realizar una parada para repostar y seguir. El vuelo fue tranquilo, un día de verano, despejado con alguna nube aislada y alguna térmica conforme avanzaba la mañana.


Dos horas y algo después configuraba el avión para el aterrizaje, y al igual que los pilotos comerciales que vuelan distintas variantes como el 319, 320, 321, yo me recordaba todo el rato a mi mismo "llevas un patín de cola, mantén el morro y cuidado con el freno" 

Un aterrizaje más y carreteo hacia la plataforma. Pronto se acercaron varias personas a observar el avión y a entablar una conversación, pero lamentablemente no tenía demasiado tiempo, me hice con una escalera y rellené los depósitos. 

Al hacer la exterior descubrí algo que no me gustó y tuve que tomar la decisión de continuar o quedarme en tierra, se trataba de una grieta en el cono de la hélice, no parecía grave, pero tuve que valorar la situación de una forma algo precipitada. Decidí continuar, valorando lo mejor que pude la situación.



La segunda parte del vuelo fue lógicamente más movida, con algo de turbulencia en algunas zonas, y cúmulos en formación. Por lo demás unas preciosas vistas. Me llamó la atención comprobar cómo se las ingenian en Murcia creando piscinas y balsas para almacenar el agua, es como un pequeño desierto lleno de piscinas. El calor apretaba cuanto más al sur viajaba. Desde arriba, Murcia es inmensa, rodeada de poblaciones limítrofes. Tratas de esquivar los grandes núcleos pero es imposible.

Finalmente, puse rumbo al campo de vuelo de los Martinez, del que sabía su situación por GPS, la orientación de la pista y que era de tierra, pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme una pista enorme y asfaltada, con una enorme torre de control y una orientación perpendicular a la pista que yo buscaba... En ese momento de confusión, busqué en el ipad, en los mapas y en todos lados información sobre esa pista enorme de un gran aeropuerto y que no aparecía por ningún lado. Con más dudas que otra cosa, logré encontrar la pista que buscaba justo al otro lado de la autopista, y sin saber todavía nada sobre esa gran pista, aterricé en la pista correcta. Después me contaron que es un aeropuerto fantasma sin abrir... Sin comentarios...

Al aterrizar comprobé que la grieta había aumentado, me pidieron trasladar el avión a otro campo cercano y les pedí desmontar primero el cono para evitar cualquier tipo de problemas.


Ya sin el cono, me dispuse a realizar un pequeño vuelo de 15 minutos de Los Martinez a Los Garranchos en San Javier donde finalmente dejé el avión. Con todo el retraso acumulado del día, al final cogí el tren de vuelta a Madrid por escasos dos minutos y creía que me quedaba en tierra...entré al tren casi temblando entre las prisas y todas las emociones del día.


Y así he completado un vuelo más de ferry, en el que sin duda he aprendido nuevas lecciones como piloto y como persona. Sin duda, debo tener más precaución y cautela con los aviones que vuelo, y aunque el dueño me pidió disculpas por no haber querido volar, lo cierto es que ese mal sabor de boca no se quita fácilmente.

Al final te das cuenta de que ganes mucho o ganes poco, no hay dinero en el mundo que merezca la pena cuando lo que pones en verdadero riesgo es tu propia vida. 

Buenos y seguros vuelos para todos!!!