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martes, 19 de mayo de 2015

Ferry pilot, un vuelo muy especial.

A todos, nos llegará el momento de dejar la aviación. Muchos ni se habrán parado a pensar en ello...yo no fui consciente hasta que hace unos días me di de bruces con esta realidad.

Ésta es la pequeña historia de un vuelo de ferry pilot más, pero que dificilmente voy a olvidar...

Como ya publiqué anteriormente, me encontraba disfrutando de unos días de descanso en la playa cuando, al volver tostado de la playa me encuentro con un mensaje en el contestador. Era de un amigo con el que había colaborado otras veces, quería que me trajese un avión desde Gerona y lo quería hacer dentro de dos o tres días. Un poco precipitado todo, pero no imposible. Había que hacerlo tan rápido porque la venta dependía de esa celeridad.

Yo continuaba en la playa y no iba a volver hasta el día siguiente, tenía que encontrar traslado hasta Figueres, en Gerona y alojamiento...en muy poco tiempo. Además, tenía que volver primero a Madrid...

Conseguí encontrar un billete en un AVE que me dejaba justo en Figueres, llegando por la noche. Lo compré estando todavía en la playa.

Al día siguiente a primera hora salí con mi familia rumbo a Madrid, el día se planteaba bastante largo. Llegando a Madrid todo se volvió frenético, cambio de maleta, preparar todo el material para el vuelo, comprobar ruta, meteo, campos para parar a repostar, alternativos, etc...reunión con uno de los socios compradores y de camino a Atocha.

Sabía que dentro del AVE iba a ser el único momento en el que podría descansar un poco, asentar las ideas y centrarme en lo que me esperaba por delante.

Finalmente no cogí alojamiento, puesto que el vendedor del avión propuso que durmiese en su casa, me daba un poco de reparo, pero decidí aceptar puesto que tampoco había demasiadas opciones.

El viaje en el AVE fue algo más estresante de lo que me hubiera gustado, pasé medio viaje resolviendo cosas con el móvil y el otro medio verificando el plan de vuelo del día siguiente, pero tuve unos minutos para disfrutar tanto del cómodo asiento como de la soledad en el vagón desde que salimos de Gerona, un placer viajar en el AVE.



Saliendo del control al llegar a Figueres me encontré con un señor mayor, que poco después de saludarme afectuosamente me ofreció las llaves de su coche para que condujese yo a su casa, él no sabía que yo había conducido 400kms por la mañana y que estaba agotado, pero conduje sin problemas, no es recomendable que el señor con esa edad se ponga a conducir de noche.

Llegamos a su casa, a unos 50kms de la estación, un pueblecito pequeño y una casa muy típica de pueblo de dos plantas, yo dormiría arriba.

Me mostró mi habitación en la planta alta, y al subir yo solo ya para dormir, descubrí que en la habitación de al lado había una enorme maqueta de trenes que está construyendo...siempre he querido tener algo así. Me hubiera encantado pasar la noche allí jugando, pero estaba demasiado cansado y la alarma sonaría en unas 5 horas. Debía dormir.



A la mañana siguiente le comenté al señor que había ojeado la maqueta y me dijo que no lograba hacer funcionar un mando de control digital, se lo hubiera mirado encantado, pero la hora de salida se nos echaba encima y yo sólo pensaba en que tenía que dar clase a las 4 en Madrid...

Volví a conducir de camino al campo de vuelo, fuimos hablando de que ya era muy mayor para volar, que le encantaba su avión, lo tenía muy cuidado pero que tenía que dejar de volar, que iba a ser su último vuelo ese día. No puedes evitar que se te encoja el corazón al escuchar sus palabras y esa cierta pena que tiene por dentro por tener que dejar de volar en su avión. 

En el fondo te vas a llevar SU AVIÓN, pero también te llevas un pedacito de él. A todos nos ocurre al hacer una mudanza, al vender nuestro coche o al deshacernos de algo muy querido. Es inevitable.

Cargamos dos garrafas de combustible, al coger la garrafa de 25 litros lo noté, estaba cansado, había sido una noche corta y extraña, apenas había podido dormir, me sentía muy raro, no dejaba de darle vueltas a mil cosas en mi cabeza.

El campo de Ordis es un lugar que embelesa, todo verde, con un verde intenso de campo húmedo, con los Pirineos al fondo y una pista de hierba que parece un jardín. Al llegar los paramotores estaban preparándose para salir.


Después de revisar todo el avión, la documentación y llenar los depósitos estábamos listos para ese último vuelo...lo notas en su mirada, en su voz y en sus gestos, es su último vuelo. Traté de que disfrutase lo máximo posible, "El avión es tuyo, disfruta todo lo que puedas"-le dije. Ibamos a hacer sólo un circuito y aterrizábamos, yo iba a aprovechar para ver el comportamiento del avión, del motor y las velocidades a las que se movía en las diferentes fases. 

Al Bajarnos del avión estaba visiblemente emocionado, le ofrecí sacarle una foto junto al avión, para tenerla siempre de recuerdo, pero no quiso, supongo que en un momento así lo que quieres es que todo pase rápido.

Me cambié de posición, y me preparé para el vuelo, hoy mi copiloto sería una garrafa, lo cuál no me iba a ser de gran ayuda si necesitaba algo o me sentía indispuesto. Estaba solo.


Rodaje por la pista de hierba, pruebas de motor y potencia de despegue... El avión va de lujo, pronto se va al aire y me permite de nuevo disfrutar del impresionante paisaje con el mar al fondo, los Pirineos y algo más adelante Montserrat. 

Unos minutos después pude ver al menos 6 globos justo en la línea de mi ruta, me desvié un poco y los dejé a mi izquierda para poder verlos mejor.

Próxima parada Alfes, al sur de Lérida, parada rápida para repostar y seguir, el viento en cara estaba retrasando el vuelo, en el campo no había movimiento, vino a saludarme el chico del bar al que llamé el día anterior por teléfono y poco más, de vuelta al aire.


Poco a poco el terreno se va volviendo cada vez más árido y seco, lo notas en el color, en el ambiente, Zaragoza es casi un secarral, me gustó sobrevolar el Ebro, no lo había hecho antes.


Al ser un vuelo no controlado pude ponerme algo de música e ir algo más relajado, estas pequeñas cosas marcan la diferencia.


El vuelo al avanzar las horas y el calor comenzó a ser algo turbulento y con muchas térmicas, algunas de ellas fueron fuertes y me sorprendieron mirando el paisaje.


Al aproximarme a Robledillo, lugar de destino, iba con la hora algo pillada, pero todavía era aceptable. Aterrizaje hacia el Sur y directos al hangar donde ya me esperaban. Es gratificante entregar un avión y ver la alegría que produce en quien lo recibe. El sabor agridulce de por la mañana al "llevarme" el avión se compensa con esta alegría.

Lamentablemente no da tiempo para un vuelecito, pero pronto se hará. Recogida del avión y de vuelta a Madrid para llegar, comer, ducha y corriendo de nuevo a Cuatro Vientos...


Y así es como terminé mis vacaciones, con mucho trabajo o con un buen broche final para los días de descanso, según como se mire.

Lo que está claro es que a este tipo de vuelos de Ferry les rodean siempre apasionantes historias, experiencias, anécdotas y aventuras que son apasionantes, y tal vez no logre trasmitir todas estas emociones del mejor modo posible, pero os aseguro que estos vuelos me hacen sentir realmente... Aviador y piloto.

Un saludo y buenos vuelos!


jueves, 14 de mayo de 2015

Sobrevolando el mar

No dejo de mirar el mar...

Me apetece sobrevolarlo como lo hacen algunas de las gaviotas que veo pasar. No puedo olvidar las veces que he tenido la oportunidad de volar sobre el mar.

He tenido la suerte de sobrevolar el mar de distintos modos, tanto cerca del agua en ulm, como aterrizando en avioneta, como muy alto desde aviones de aerolínea.

Recuerdo aterrizar desde la cabina en un vuelo a Málaga, siempre practicaba esa aproximación en el simulador, hasta que aterricé en cabina en alguna ocasión desde la aproximación sobre el mar...menuda maravilla...un espectáculo visual y para todos los sentidos, además iba reconociendo los lugares en tierra justo antes de aterrizar, toda una experiencia.

Por supuesto no me puedo olvidar de Castellón, no el famoso Castellón sin aviones, si no el pequeñito, el que casi nadie fuera de la aviación conoce, en el que te bajas y casi pisas el agua, te comes una paella y te vuelves a Madrid con esa sensación de que realmente te gusta lo que haces y te apasiona volar.

Lo cierto es que recuerdo la inmensidad del Atlántico vista desde el pequeño ULM en Peniche, no había una gran visibilidad ese día pero miras al fondo y sabes que no hay nada más que agua en miles de kilómetros, y es que volar sobre el Mar es muy especial. 


Las calas de Ibiza, sus playas paradisiacas... O aquel aterrizaje nocturno en Valencia, los barquitos en Santander, creo que puedo recordar cada vuelo sobre el mar.

Parece increíble como desde la avioneta puedes percibir también ese olor a agua salada, esa concentración de humedad.

Os recomiendo a todos los que tengáis la oportunidad, de que voléis sobre el mar, compañeros pilotos que hacéis horas y horas desde Cuatro Vientos a Valladolid y Salamanca...hay vida más allá...explorad otros lugares. Yo todavía tengo pendientes San Sebastián y otros muchos aeropuertos del Norte de la Península, viajad, descubrid y experimentad. No queméis vuestras horas sin sentido. Nos cuestan mucho dinero para que no las aprovechemos.

Yo ya he podido sobrevolar el Mediterráneo, el Cantábrico y el Atlántico...y espero que la lista no haya hecho más que comenzar.

Que tengáis buenos vuelos!


domingo, 3 de mayo de 2015

Vacaciones junto al mar

Me encuentro mirando al mar, tengo unas vistas fabulosas...

Y estando aquí, he recordado que esta mañana he visto a lo lejos un hidroavión, de aviación general. Mi primer pensamiento ha sido el de profunda envidia por estar volando, luego me he imaginado amerizando junto a la playa, dejando el avión amarrado en el puerto y descargando un par de maletas. Cada uno imagina lo que quiere jajaja...

En España nos falta algo de cultura aeronáutica en general, y ello nos impide disfrutar de estas pequeñas/grandes cosas como las que os comento.

Imaginad por un momento viajar desde Madrid a la playa donde soléis ir, sin atascos, sin tener que buscar un lugar para aparcar. Poder volar cada día a una playa diferente...

Siempre he pensado que si tuviera un ultraligero me compraría una bici plegable y una tienda de campaña, estoy seguro de que tardaría en volver a casa, hay mucho por descubrir.

Ojalá, lo que hoy parece una utopía de ir en hidroavión a la playa, en unos años se haga una realidad. Y que no sea un "deporte de ricos" si no que sea algo al alcance de todos. 

En unos días, entra en vigor el nuevo Real Decreto que regula los ultraligeros y contempla la habilitación de hidroavión. Todo apunta a que volverá a ser "hacer la casa por el tejado" como ya hemos visto con el vfr nocturno. Espero equivocarme, pero probablemente veamos habilitaciones de hidro sin haber lugares para poder acuatizar y amerizar...

Bueno, yo estoy de vacaciones unos días y no me toca pensar demasiado en problemas...me limito a mirar volar las gaviotas. 


Un saludo y buenos vuelos! Aunque a mi me toca estar en tierra unos días más.